noviembre 27, 2010

UN PORTEÑO MÁS

Miraba el puerto desde los tantos balcones que tiene la ciudad, cuando de pronto vi su mirada amigable y ajena que se acercaba hacia mí. Me miró a los ojos y miró el mar conmigo. Dejó caer su peso en el suelo y se quedó quieto a mi lado. Le acaricié la cabeza y se puso a mover el rabo, feliz.

R. Aguilar

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