noviembre 03, 2015

DÍA 1

DESAFÍO 30 DIAS DE ESCRITURA

DÍA 1.   Comienza una historia con "Había una vez..."

Había una vez un bosque muy lejano donde vivía una familia de zorros. La madre, cuyo pelaje era de un color escarlata maravilloso, estaba muy orgullosa de sus 3 hermosos cachorritos que habían nacido en primavera. Dos de ellos habían heredado el mismo color de cabello que su madre, sin embargo, el más pequeño de los cachorros, tenía un pelaje pálido como la nieve. En el bosque, los animales se volteaban cada vez que lo veían pasar y no escatimaban en comentarios desagradables cada vez que se paseaba el zorrito, sin embargo, el pequeño cachorro nunca hacía caso de comentarios tan malintencionados y era feliz jugando con sus hermanitos. Cierto día cuando deambulaba con sus hermanos entre los claros del bosque, se encontró con un grupo de cuervos que lo miraban atentos.
-¡Qué pelaje más pálido! ¿Dónde están tus colores? – Exclamó uno de los cuervos.
-¡Mi pelo es blanco ahora, más algún día cambiará y será como el de mi mamá! – Respondía esperanzado el zorrito
-¡Tonterías, jamás he visto un cuervo blanco que cambie de color, ¿por qué cambiaría un zorro? Naciste así y así morirás - Y el zorrito bajó su cabeza entristecido.

Pasaron los meses y el pelaje del zorrito nunca cambió de color. Mientras que sus hermanos tenían los cabellos rojos como su madre, el menor de los zorritos lucía una hermosa cabellera blanca brillante como el sol. 

Al comenzar el invierno, la madre de los zorritos salió a buscar algo de comida para sus cachorros. Su pelaje rojo escarlata era inconfundible tras los lentes de los binoculares del cazador. Ese día, y en un abrir y cerrar de ojos, la madre de los pequeños fue herida de muerte a manos de un cazador. Los tres cachorritos quedaron muy apenados e indefensos sin su madre. Ya empezaba a hacer frío y los tres hermanitos no sabían muy bien que hacer. Hasta que una liebre que vivía muy cerca, les aconsejó que buscaran cobijo y calor en una cueva hasta que pasara el invierno.

Cada vez que llegaba esta época, los animales del bosque se encerraban en sus cuevas a hibernar puesto que por el frío, la nieve y los cazadores era muy difícil encontrar comida en esa época del año, por lo que se abastecían mucho antes para que no les faltara alimento. Sin embargo, como la madre de los cachorros había muerto apenas comenzaba el invierno, los tres pobres cachorritos no sabían que hacer para sobrevivir. Mientras todos estaban encerrados en sus hogares, esperando que llegara la primavera, los cachorritos buscaban en el bosque un lugar para poder resguardarse. Al caer la tarde, uno inexperto cazador los divisó a lo lejos y empezó a disparar con su escopeta, más no tuvo buena suerte y los zorritos salieron huyendo despavoridos del lugar. Mientras corrían, el zorrito más pequeño encontró una pequeña cueva entre las rocas, y se escondió allí con sus hermanos. Pasaron las horas y la nieve empezó a caer aún con más fuerza. Al cabo de unos días todo el bosque estaba cubierto por un manto blanco de nieve. Los pequeños cachorritos tenían mucha hambre, pero no se atrevían a salir de la cueva por miedo a encontrarse nuevamente con un cazador. Sin embargo, el zorrito blanco, muy decidido salió del lugar y partió a buscar comida para sus hermanos. Al ser blanco, se escabullía fácilmente sin poder ser detectado por los cazadores, trazaba túneles entre la espesa nieve que sobrepasaba su propia altura y se paseaba sigilosamente por el bosque buscando algún hierba que comer o algún animal pequeño que llevar. Con bastante suerte, ese día encontró algunas malezas para llevar a la cueva. Él y sus hermanos pudieron comer al fin después de tantos días. Pasaron las semanas y los meses y el frío se volvía cada vez más intenso. El zorrito era el único capaz de buscar alimentos para el resto de la familia sin ser visto por los cazadores. Al llegar la primavera, nuestro amigo ya era todo un experto conocedor del bosque. Gracias a su pelaje blanco se había hecho amigo de la nieve y había podido ayudar a sus hermanos y realizar la función que llevaba a cabo su madre de alimentarlos y protegerlos. Un día, caminando por un sendero en medio del bosque, el zorrito se encontró con el mismo cuervo que lo había molestado tiempo atrás.

- Tenían usted razón señor cuervo, jamás cambiaré mi pelaje, jamás seré como mis hermanos o como mi mamá. Pero si no hubiera sido por mi pelaje, ni yo ni mis hermanos hubiéramos podido pasar este cruel invierno.

El cuervo, que había visto todo lo que había hecho el pequeño zorrito durante el invierno desde la copa de los árboles, se disculpó muy apenado y contó a los demás animales lo que había hecho tan valiente zorrito por sus hermanos.

Y desde entonces, el zorrito se ganó el respeto de todos los seres del bosque.


FIN.-

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