DESAFÍO 30 DIAS DE ESCRITURA
DÍA 1. Comienza
una historia con "Había una vez..."
Había una vez un bosque muy lejano donde
vivía una familia de zorros. La madre, cuyo pelaje era de un color escarlata
maravilloso, estaba muy orgullosa de sus 3 hermosos cachorritos que habían
nacido en primavera. Dos de ellos habían heredado el mismo color de cabello que
su madre, sin embargo, el más pequeño de los cachorros, tenía un pelaje pálido
como la nieve. En el bosque, los animales se volteaban cada vez que lo veían
pasar y no escatimaban en comentarios desagradables cada vez que se paseaba el
zorrito, sin embargo, el pequeño cachorro nunca hacía caso de comentarios tan
malintencionados y era feliz jugando con sus hermanitos. Cierto día cuando
deambulaba con sus hermanos entre los claros del bosque, se encontró con un
grupo de cuervos que lo miraban atentos.
-¡Qué pelaje más pálido! ¿Dónde están tus
colores? – Exclamó uno de los cuervos.
-¡Mi pelo es blanco ahora, más algún día
cambiará y será como el de mi mamá! – Respondía esperanzado el zorrito
-¡Tonterías, jamás he visto un cuervo blanco
que cambie de color, ¿por qué cambiaría un zorro? Naciste así y así morirás - Y
el zorrito bajó su cabeza entristecido.
Pasaron los meses y el pelaje del zorrito
nunca cambió de color. Mientras que sus hermanos tenían los cabellos rojos como
su madre, el menor de los zorritos lucía una hermosa cabellera blanca brillante
como el sol.
Al comenzar el invierno, la madre de los
zorritos salió a buscar algo de comida para sus cachorros. Su pelaje rojo
escarlata era inconfundible tras los lentes de los binoculares del cazador. Ese
día, y en un abrir y cerrar de ojos, la madre de los pequeños fue herida de
muerte a manos de un cazador. Los tres cachorritos quedaron muy apenados e indefensos
sin su madre. Ya empezaba a hacer frío y los tres hermanitos no sabían muy bien
que hacer. Hasta que una liebre que vivía muy cerca, les aconsejó que buscaran
cobijo y calor en una cueva hasta que pasara el invierno.
Cada vez que llegaba esta época, los animales
del bosque se encerraban en sus cuevas a hibernar puesto que por el frío, la
nieve y los cazadores era muy difícil encontrar comida en esa época del año,
por lo que se abastecían mucho antes para que no les faltara alimento. Sin
embargo, como la madre de los cachorros había muerto apenas comenzaba el
invierno, los tres pobres cachorritos no sabían que hacer para sobrevivir. Mientras
todos estaban encerrados en sus hogares, esperando que llegara la primavera, los
cachorritos buscaban en el bosque un lugar para poder resguardarse. Al caer la
tarde, uno inexperto cazador los divisó a lo lejos y empezó a disparar con su
escopeta, más no tuvo buena suerte y los zorritos salieron huyendo despavoridos
del lugar. Mientras corrían, el zorrito más pequeño encontró una pequeña cueva
entre las rocas, y se escondió allí con sus hermanos. Pasaron las horas y la
nieve empezó a caer aún con más fuerza. Al cabo de unos días todo el bosque
estaba cubierto por un manto blanco de nieve. Los pequeños cachorritos tenían
mucha hambre, pero no se atrevían a salir de la cueva por miedo a encontrarse
nuevamente con un cazador. Sin embargo, el zorrito blanco, muy decidido salió
del lugar y partió a buscar comida para sus hermanos. Al ser blanco, se
escabullía fácilmente sin poder ser detectado por los cazadores, trazaba
túneles entre la espesa nieve que sobrepasaba su propia altura y se paseaba
sigilosamente por el bosque buscando algún hierba que comer o algún animal
pequeño que llevar. Con bastante suerte, ese día encontró algunas malezas para
llevar a la cueva. Él y sus hermanos pudieron comer al fin después de tantos
días. Pasaron las semanas y los meses y el frío se volvía cada vez más intenso.
El zorrito era el único capaz de buscar alimentos para el resto de la familia
sin ser visto por los cazadores. Al llegar la primavera, nuestro amigo ya era
todo un experto conocedor del bosque. Gracias a su pelaje blanco se había hecho
amigo de la nieve y había podido ayudar a sus hermanos y realizar la función
que llevaba a cabo su madre de alimentarlos y protegerlos. Un día, caminando
por un sendero en medio del bosque, el zorrito se encontró con el mismo cuervo
que lo había molestado tiempo atrás.
- Tenían usted razón señor cuervo, jamás
cambiaré mi pelaje, jamás seré como mis hermanos o como mi mamá. Pero si no
hubiera sido por mi pelaje, ni yo ni mis hermanos hubiéramos podido pasar este
cruel invierno.
El cuervo, que había visto todo lo que había
hecho el pequeño zorrito durante el invierno desde la copa de los árboles, se
disculpó muy apenado y contó a los demás animales lo que había hecho tan
valiente zorrito por sus hermanos.
Y desde entonces, el zorrito se ganó el
respeto de todos los seres del bosque.
FIN.-